Apenas transcurrieron tres fechas del Torneo Clausura y el fútbol argentino ya exhibe un clima de tensión extrema. River, Racing, Boca, Platense, Vélez y San Lorenzo atraviesan distintos conflictos, pero todos comparten un mismo denominador: la impaciencia de los hinchas.
El fútbol argentino exige cada vez más rápido resultados y esa situación es la que sufre hoy Eduardo Coudet.
El éxito del fútbol siempre estuvo ligado a los resultados, está claro. Ganar o ganar es la única opción para el hincha, que habita las tribunas con la convicción de que no hay un mañana. Son noventa minutos en los que no importa otra cosa. Tal vez por este dogma que domina nuestro medio, es posible aceptar -y no compartir- un escenario de tensión, insultos, exigencia y situaciones propias de la locura.
Ocurre en el inicio del segundo semestre, cuando apenas se disputaron tres fechas del Torneo Clausura, una instancia de la Copa Argentina y recién empieza a reanudarse la actividad en la Sudamericana y la Libertadores. Se vive en un estado de ebullición permanente. Basta con repasar algunos acontecimientos del último fin de semana.
El domingo, la gente de River estalló con la derrota ante Rosario Central, la quinta consecutiva en torneos locales de la AFA, algo que no ocurría desde 1911. Incluye la eliminación de la Copa Argentina contra Aldosivi y el caldo de la bronca ya venía espeso desde la final del Torneo Apertura que se perdió a manos de Belgrano. Incluso hubo reclamos en el hall de la platea San Martín, una escena que solo se recuerda en los aciagos tiempos de José María Aguilar y Daniel Passarella, con el descenso a flor de piel.
Eduardo Coudet no habló con la prensa por decisión de la dirigencia, pero dejó claro en su estado de WhatsApp que no piensa renunciar. “Los cagones no hacen historia”, fue la imagen que consignó. Y más tarde, eligió una letra de Callejeros: “No escucho y sigo”. River gastó 71 millones de dólares en refuerzos, tiene el estadio con mayor capacidad de Sudamérica, es una institución modelo, pero la pelotita no entra. Entonces, el grito de “que se vayan todos, que no quede ni uno solo” sobrevuela el Monumental.
El sábado, un día antes de los nervios que afloraron en Núñez, Racing fue aplastado por Tigre en su propia cancha. El 3 a 1 fue la primera derrota del breve ciclo de Juan Pablo Vojvoda, que había tenido un debut promisorio contra Defensa y Justicia y la clasificación a la Copa Argentina, un triunfo ante Gimnasia en el inicio del campeonato doméstico y un empate de visitante ante Rosario Central.
Es cierto que el equipo jugó en un nivel subterráneo, pero los gritos contra “la Comisión, la Comisión” tronaron en el Cilindro. Para peor, cuando terminó el partido, personalizaron el insulto en Diego Milito. Sí, el ídolo que fue campeón cuatro veces, dos como el eximio delantero que fue (2001 y 2014), una como secretario deportivo (2019) y otra como presidente (2025). El Príncipe, incluso, tiene una calle circundante al estadio. Y los mismos que hoy braman contra él, cantaban “Milito, Milito” como un mensaje para el anterior mandamás, Víctor Blanco.
No importa, entonces, que cada peso que entra en la tesorería se invierte en un predio de última generación en Ezeiza. Tampoco el campeonato del fútbol femenino y la Reserva. La pelotita no entra y, para muchos, la bronca viene de arrastre por el despido de Gustavo Costas, que no deja de ser un emblema, pero tenía el boleto picado. Incluso, en las redes sociales lo admitían los hinchas con cierta culpa por el cariño con los une con el entrenador. También, hay críticas con la política de refuerzos. Se fueron jugadores importantes -el caso más referencial es Gabriel Rojas- y llegaron otros que necesitan tiempo de adaptación.
Boca no es la excepción. Con Juan Román Riquelme hay una gran parte de los hinchas que lo bajó del pedestal por su gestión como presidente. Hace tres años que el equipo no gana nada. El ex “10” se jacta de los deportes amateurs, de la Bombonera pintada, de las obras que se están haciendo en un estadio que necesita ampliación, pero la pelotita no entra. Volvió a quedar eliminado de la Libertadores y la Sudamericana es un consuelo.
La política interna también pesa, pero por estas horas hay que decir muchos socios tienen quejas justificadas: la improvisación en los trabajos de drenaje y resembrado de su campo de juego lo obligaron a mudar su localía con Estudiantes y Vélez. Y con casi 23 mil abonados, elegir el Palacio Tomás Adolfo Ducó fue un error. La casa de Huracán no llega a las 9 mil plateas y muchos se quedaron afuera, muy a pesar de que pagan entre 1.800.000 y 6.600.000 pesos anuales para tener reservado su lugar.
En Vicente López se vivió una noche de furia este lunes, cuando Talleres apabulló 4 a 0 a Platense y los hinchas se colgaron del alambrado amenazantes, sugiriendo con sus cánticos que los futbolistas del Calamar ponen más en la Libertadores que en el campeonato local porque hay premios más suculentos. Su capitán Nacho Vázquez casi se agarra a trompadas con un plateísta porque insultaron a su hermana. Incluso, terminó dialogando con parte de la barra. Como consecuencia de este escándalo, despidieron a Walter Zunino. Sí, una semana antes del choque de ida con Coquimbo.
Fuente: Agencia DIB
